“Los problemas cardiovasculares empiezan a los 10 años de edad”

elmundo.es | 20 de julio de 2016

  • Valentin Fuster marqués de Fuster y cardiólogo español. DAVID S. BUSTAMANTE ELMUNDO

La próxima vez que piense darle a su hijo una bebida azucarada o algo de bollería industrial para merendar, piense que está contribuyendo a que aumente el riesgo de que su vástago sufra un infarto varios años después. Y es que, aunque las enfermedades cardiovasculares den la cara en la edad adulta, empiezan en la infancia. “A los 10 años”, cifra como ejemplo Valentín Fuster, director del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) y del Instituto Cardiovascular del Hospital Mount Sinai de Nueva York, que durante dos días ha dirigido un curso en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en Santander.

En el seminario ‘Población, bases clínicas y moleculares de la enfermedad cardiovascular y la salud’, el cardiólogo ha insistido en la importancia de la prevención y en la necesidad de actuar en edades muy tempranas, “incluso antes del embarazo en las mujeres”, hace hincapié Fuster. “Hay que identificar a los individuos que están en riesgo y mucho más importante es llegar a los niños de 3 a 6 años, donde podemos tener mucho impacto. Es nuestra ventana de oportunidad porque ellos escuchan, los adultos no escuchamos. Los adultos tienden a cambiar cuando han tenido un infarto”, señaló a EL MUNDO Fuster.

Entonces, ¿son la medicina genética y de prevención el futuro en el abordaje de las enfermedades cardiovasculares? “La genética está avanzando mucho, pero no es lo fundamental ya que es básicamente una enfermedad adquirida y por eso hay que ir a los factores de riesgo. Es un tema educacional”, insiste Fuster.

“La raíz de los problemas cardiovasculares es la conducta”, aseguró el director del CNIC. La educación es el eje en el que basa varios de sus proyectos alrededor de todo el mundo, fundamentalmente con los más pequeños. Así, actualmente está trabajando con 100.000 niños de 3 a 6 años en distintos países, desde España a Colombia, pasando por la isla de Granada o EEUU. “Estamos entrando ahora en México también. Los resultados a corto plazo son muy buenos”.
Fuster explica que se imparten 70 horas de docencia “en aspectos de salud, cómo funciona tu cuerpo, qué hay que comer, el ejercicio físico y cómo controlar las emociones para prevenir que cuando se te ofrezca tabaco, alcohol o drogas en el futuro puedas decir que no. La misión, al menos a corto plazo, es ver la conducta de estos niños que hemos seguido hasta los 9 años y continuar el seguimiento hasta los 20 años”. El cardiólogo se refiere concretamente al grupo de Colombia, cuyos resultados de los 3 a los 6 años fueron muy positivos y en breve van a conocer los datos a los 9 años.
En cada población ha implementado un método distinto. En España, donde se está trabajando con 70.000 niños en este momento en las escuelas, uno de los temas en los que se ha centrado es en la obesidad. Es el caso de un estudio que realizó con 2.000 niños de 24 colegios de Madrid durante los cursos 2011-2012 a 2013-2014, cuyos resultados se publicaron en la prestigiosa revista Journal of the American College of Cardiology, mostró que la implantación de su Programa SI! en Educación Infantil había producido diferencias significativas de conocimientos, actitudes y hábitos en los tres cursos implicados (3, 4 y 5 años).
Fuster insiste en que no se trata de trabajar con los niños porque, por ejemplo, haya más casos de sobrepeso y obesidad infantil, sino porque es una conducta a largo plazo. “Tratamos de forzar que la salud sea una prioridad” recalca. “Nosotros trabajamos con conceptos y estos conceptos los están tomando los gobiernos que, en general, son muy sensibles a esta cuestión”.
No es para menos. La enfermedad cardiovascular sigue siendo la principal causa de muerte en todo el mundo. A pesar de que la mortalidad ha descendido en las últimas tres décadas, especialmente en los países más desarrollados, la prevalencia de estos problemas continúa aumentando. De hecho, dos de las metas mundiales de la OMS dentro de su Plan para la prevención y el control de las enfermedades no transmisibles 2013-2020 se centra en las cardiovasculares.
El envejecimiento es determinante en los problemas cardiovasculares. El director del CNIC comenta que se viven más años pero hay más enfermedad. Ésta se trata, “pero es carísimo, es decir, estamos pagando un precio prolongando la vida con medicacionbes y aspectos quirúrgicos y no quirúrgicos”, manifestó tras el curso a los medios. Y remató: “es fantástico poder prolongar la vida, pero hay dos problemas, el económico y el cerebral”.
En cuanto al primero, Fuster explica que en EEUU se gastan muchos millones cada año en el tratamiento de enfermedades cardiovasculares “cuando la solución es evitar llegar a ese estadío. No digo que no se trate a las personas enfermas, sino que hay que actuar antes para no alcanzar ese punto”. En los próximos 50 años será imposible hacer frente a patologías de este tipo utilizando procedimientos de tecnología avanzada. La situación económica hace insostenible el abordaje actual.
Cerebro y corazón

Respecto a la segunda cuestión, el cardiólogo señala que hay que ir con mucho cuidado y seguir muy de cerca el cerebro también. “Si prolongamos la vida pero no guardamos el poder cognitivo del individuo en un aspecto sano, para qué sirve prolongar la vida”. En este sentido, «los factores de riesgo, que son seis: dos mecánicos -obesidad e hipertensión-, dos químicos -colesterol elevado y diabetes- y dos preguntas -fumas o no fumas y haces ejercicio o no haces ejercicio-, son los mismos para el cerebro», enumera Fuster. “Corazon y cerebro son inseparables en cuanto a enfermedad”, sentencia.
Atendiendo a esos factores de riesgo aparece de nuevo la conducta. “El principal pilar de la prevención de la enfermedad cardiovascular es el cerebro. Es la persona la que decide si va a cuidarse o no, el resto tiene poco impacto”, indica el director del CNIC, que deja otra de sus frases lapidarias: “El cerebro es su dietista. Cuando viene alguien buscando ayuda rápida y pidiendo que le mande a un dietista, le digo que su cerebro es el mejor dietista. Es un tema de concienciación y educación”.
Educación en los niños, como se ha mencionado, pero también en los adultos. El director del CNIC habló en el curso de algunas herramientas que se están usando, como las terapias de grupo que han dado fruto en otros campos, como las drogodependencias. En este sentido, Fuster ha promovido en España junto a la Fundación para la Ciencia, la Salud y la Educación (SHE, por sus siglas en inglés) y la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición del Ministerio de Sanidad el Programa Fifty-Fifty, que se lleva a cabo en varios municipios españoles en colaboración con la Federación Española de Municipios y Provincias.
El objetivo es mejorar la salud integral en personas adultas de 25 a 50 años, ayudándolas a mejorar sus hábitos de salud y autocontrolar sus factores de riesgo cardiovascular.
Cardona, ciudad sostenible

Además de las terapias de grupo, un paso más es el concepto de ciudad sostenible. La fundación SHE y Fuster han puesto en marcha en el municipio catalán de Cardona el primer piloto de Healthy Communities. El proyecto pretende crear un ambiente físico (urbanismo) y social que promueva la buena salud para todos. El director del CNIC es hijo adoptivo de esta localidad desde el año 1992 y, aunque vive en EEUU, frecuenta este rincón pionero en la promoción de la salud. Se ha establecido un periodo de 10 años para poder realizar los objetivos de Cardona Integral, que contempla, entre otras, crear zonas deportivas y auditorios enfocados a la educación en hábitos saludables, todo ello enfocado a conseguir beneficios en el control de los factores de riesgo.

Fuente: http://www.elmundo.es/salud/2016/07/20/578e934dca4741b3658b45d3.html

El por qué de los laboratorios medicinales que no quieren que tomemos agua de mar.

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Estamos acostumbrados a pensar que el agua de mar no se puede tomar. Es que así nos lo han hecho creer y, aunque naturalmente no se nos da por tomarla, sencillamente porque nos sabe demasiado salada, lo cierto es que, en primer lugar es una falacia (cuando no una vil mentira) y, en segundo lugar, el agua de mar es tan rica en nutrientes y minerales que si la consumiéramos habitualmente gozaríamos de “demasiada” salud y podríamos prescindir en gran medida de los médicos y –he aquí el problema mayor– de los laboratorios.

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Laboratorios que, por cierto, son los principales interesados en que la población no conozca los beneficios que se derivan del consumo de agua de mar y, por el contrario, que sigamos creyendo que el agua de mar no es apta para el consumo humano.

Vamos a explicar un poco de qué estamos hablando.

Antes de hablar del agua de mar, sus propiedades y beneficios, tal vez convenga detenernos brevemente en la sal que más suponemos conocer, la que usamos cotidianamente en nuestra cocina y en nuestras mesas familiares.

¿Qué dicen de ésta los promotores de la alimentación y la salud “alternativas”?

Sal de mesa “refinada” para asegurar que nos enfermemos. Ellos dicen que, a diferencia de la sal marina pura, que contiene 84 elementos de gran valor para la salud humana, durante el proceso de “fabricación” de la sal fina (o de mesa), ésta es “lavada”, proceso durante el cual pierde algas microscópicas que fijan el yodo natural en el organismo, y que éste es importante para la prevención del bocio.

También se elimina azufre, magnesio, calcio y otros elementos esenciales, con el propósito declarado de “blanquear” el producto y hacerlo más vistoso para los consumidores.

Pero ahí no termina el proceso de industrialización. Una vez “blanqueada”, la sal fina es “enriquecida” con aditivos químicos que evitan la formación de cálculos, pero estos químicos no son naturales y resultan perjudiciales para la salud. Y aunque la sal fina es más agradable a la vista, cuando la probamos en grandes cantidades resulta desagradable al paladar, mientras que una piedra de sal marina puede llegar a ser muy agradable.

La sal sin refinar provee al cuerpo numerosos minerales esenciales, en cambio la refinada, además de haber sido despojada de casi todos ellos (salvo dos), contiene aditivos dañinos y silicato de aluminio, uno de los principales causantes de la enfermedad de Alzheimer.

Ahora vamos un poco a los hechos: los promotores del consumo de agua de mar explican –y suena muy razonable– que el mar es como un delicioso y saludable “caldo”, producto de la disolución en sus aguas, durante millones y millones de años, de toda la riqueza vital de la tierra, arrastrada por ríos provenientes de montañas, llanuras, pantanos, rocas y cascadas, más el constante flujo y reflujo de las mareas carcomiendo las playas y acantilados de los miles de kilómetros de costas continentales e isleñas en toda la superficie del planeta, para no contar el propio lecho marino. Sobreviviendo con la “sopa” oceánica

De hecho, “náufragos voluntarios” dispuestos a demostrar la falacia del supuesto de que el agua de mar no se puede tomar (si eres náufrago puedes morirte de sed y de hambre flotando sobre la más deliciosa sopa que pueda existir jamás), sobrevivieron días enteros bebiendo esa agua y alimentándose de ella. Claro: hay que saber cómo hacerlo, cosa que explicaremos inmediatamente.

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El agua de mar tiene una concentración de 36 gramos de sal por litro, mientras que nuestro organismo tiene 9 gramos por litro. Si tomáramos el agua marina así sin más, la concentración de sal en nuestro cuerpo subiría tanto que los tejidos deberían liberar agua para que la concentración de sales volviera a 9 gramos por litro. Eso conduciría a diarreas y a la deshidratación. La solución puesta en práctica durante el experimento fue tomar una cucharada de agua de mar cada veinte minutos, bebiéndola muy lentamente para dejar que la saliva redujera la salinidad del agua ingerida.

Otra manera de tomar el agua de mar, si no somos náufragos y tenemos acceso a esa agua en nuestra vida cotidiana –según explican los expertos– es hacerlo “de forma isotónica”: rebajando el agua de mar con agua dulce, o añadiendo agua de mar al agua dulce. Considerando que la cantidad de sales recomendada es de unos 9 gramos al día, y sabiendo que la salinidad del agua de mar es de 36 gramos por litro, la cantidad de agua de mar recomendada es de un cuarto de litro por día.

Además de las sugerencias previas, los expertos recomiendan verificar que no seamos intolerantes al agua de mar, lo que podemos hacer comenzando por pequeñas cantidades hasta asegurarnos de que nos sienta bien. Algunas personas, además, son más propensas que otras a sufrir diarreas al beber agua de mar, lo que resulta una razón adicional para ir incrementando las cantidades poco a poco. Una sugerencia general es mezclar el agua de mar con zumos, o con agua normal mezclada con unas gotas de limón. Esto ayuda a habituarnos a beber esta agua sin aborrecerla en las primeras etapas. Por cierto, también tenemos que asegurarnos de no sufrir alguna enfermedad en la que la ingesta de sal sea contraproducente (aunque la hipertensión es un capítulo aparte, según veremos unas líneas más abajo).

Cocinar con agua de mar

El agua de mar resulta muy apropiada para cocinar. Como ya hemos explicado, debido a los intereses industriales la sal comercial (la sal fina o “de mesa”) es una sal “muerta”, en la que solo se ha preservado el cloruro de sodio y, en el mejor de los casos, yodo, además de los aditivos químicos perjudiciales para la salud.

Contrariamente, el agua de mar contiene muchos elementos muy beneficiosos, por lo que proporciona un gran enriquecimiento a nuestra dieta.

Para darle una vuelta más a la cuestión, la sal refinada resulta perjudicial para la salud por su alto contenido de sodio, que favorece la hipertensión y la retención de líquidos. Eso no sucede con la sal marina, al punto que los hipertensos pueden consumirla con moderación y con supervisión médica, ya que su contenido de sodio es mucho menor. Una paulatina incorporación a la dieta de recetas que incorporen sal marina produce una lenta modificación de los hábitos alimenticios, con una mejora en la salud como resultado general y a largo plazo.

Si tenemos en cuenta que las enfermedades se desarrollan en entornos ácidos, es fácil entender que el consumo de agua de mar, alcalina por derecho propio, es un alcalinizador de nuestro organismo, lo que previene todo tipo de enfermedades y nos mantiene alejados de los médicos y de las farmacias, por lo que el consumo masivo de agua de mar acarrearía irremediablemente la bancarrota de los grandes laboratorios.

Como alcalinizador, el agua de mar aporta, entre otros, todos estos beneficios: es regulador del medio interno, nutriente celular, reconstituyente, dentífrico y colutorio (enjuagatorio medicinal), laxante, purgante, desinfectante y cicatrizante para infecciones de boca, estomacal y neutralizador de acidez de estómago.

Como si todo eso fuera poco, tomada antes de comer calma el apetito, lo que la hace muy apropiada para bajar de peso.

La sal común y sus enfermedades asociadas:

– Hipertensión arterial
– Edemas
– Eclampsia o pre-eclampsia
– Arteriosclerosis cerebral
– Arteriosclerosis
– Cálculos renales
– Cálculos vesicales Cálculos biliares
– Hipoplasia de la tiroides
– Nódulos en la tiroides
– Disfunción de la paratiroides

Entre las funciones más importantes de la sal marina (agua de mar) se destacan:

– Regula la presión arterial, junto con el agua.
– Extrae el exceso de acidez de las células del cuerpo, en especial las del cerebro.
– Equilibra los niveles de azúcar en la sangre, importante para los diabéticos.
– Es esencial para generar energía en las células del cuerpo.
– Es importante en la absorción de nutrientes a través del tracto intestinal.
– Limpia los pulmones de mucosidad, importante para asmáticos y enfermos de fibrosis quística.
– Limpia el catarro y la congestión de los senos paranasales. Antihistamínico natural.
– Previene los calambres musculares.
– Previene la excesiva producción de saliva. La saliva que fluye mientras se duerme es señal de deficiencia de sal.
– Aporta dureza a los huesos. La deficiencia de sal, o comer sal refinada, es una de las principales causas de la osteoporosis.
– Regula el sueño, actuando como un hipnótico natural.
– Previene la gota y la artritis gotosa.
– Es vital para mantener la libido y la sexualidad.
– Previene las varices y las venas de araña en piernas y muslos.

Autor: Esteban Owen en Ecoportal.net

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